Al encuentro de los ángeles

Al encuentro de los ángeles

- Libro 1648

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Vestía como un hombre, pero saltaba a la vista que era una mujer, no sólo por el rostro en el que destacaba la boca roja y grande y los enormes ojos oscuros, ni por la casi larga cabellera negrísima, sino porque los pantalones tejanos modelaban unas caderas rotundas, y la blusa amarilla desabotonada con generosidad ponía en evidencia la forma de unos senos de lo más convincentes. Ella también le había estado mirando a él mientras esperaba a que los pasajeros del autocar fueran subiendo a éste tras entregarle los pasajes. En seguida se había dado cuenta de que él era norteamericano, tan alto, tan rubio, tan ufano de sí mismo, con aquella sonrisa de chico bueno que cree que puede conquistar el mundo. Todos los yanquis eran iguales. Unos engreídos.
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