Carmen

Carmen

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Tiénese a «Carmen», el romancesco relato de Pedro Castera, como la flor de la novela sentimental entre nosotros, y se cree que dicha obra haya sido inspirada en la «María», de Jorge Isaacs, cuando no de manera directa influida por ella. «María» es un amorío todo pureza; el amor de 2 jóvenes que se ven distanciados y a quienes aparta al cabo y en suma la muerte. «Carmen» es el romance de un hombre de 35 años con una chica de 15, que bien podría ser su hija, y por tanto, y tocante a él y privativamente a él, desprovisto de angélica pureza y de manera frecuente tocado de sensualidad. «María» es amorío del principio al cabo. En «Carmen», al revés, el amorío se cambia en drama, y hasta podría pensarse que en melodrama; cosa que, a propósito, agradecemos al autor, puesto que que, de otra suerte, las mieles, éxtasis, deliquios y continuados arrobos de los episodios que ocupan la primera mitad del relato, hubieran sido, al final, inaguantables. Hay, puesto que, completa y total diferencia en el desarrollo del tema; mas no es menos la que se advierte en los caracteres. La protagonista de Isaacs es sosiega, dulce, diáfana; nada la turba en su ensueño, fuera del distanciamiento del ser amado, que la mata. A la inversa, la de Castera es una intranquiliza, una recelosa radical; la imagen de un prematuro Otelo con faldas, a pesar de que, por verse alejada del objeto de su amor, su mal se agrave, y asimismo muera.
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