Carta sobre los ciegos para uso de los que ven

Carta sobre los ciegos para uso de los que ven

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«Si alguna vez un pensador ciego y sueco de nacimiento concibe un hombre a similitud de Descartes, me atrevo a asegurarle, señora, que situará el ánima en la punta de los dedos; por el hecho de que de allá proceden sus primordiales sensaciones y sus conocimientos». En esta oración, dirigida a su enigmática corresponsal de la Carta sobre los ciegos para empleo de los que ven, queda admirablemente plasmada la tesis primordial de la obra: que nuestras ideas morales están supeditadas a nuestros sentidos, heterodoxia que le valió una temporada en la prisión de Vincennes. A fines de mil setecientos cuarenta, al paso que se dedica a la Enciclopedia, el escritor y pensador Denis Diderot, vuelve sus ojos a las ciencias experimentales. La operación de una ciega de nacimiento le lleva a elucubrar sobre la relación entre lo que se ve y lo que se es.
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