Diario de 1926

Diario de 1926

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Escrito originalmente a lapicero, cuando vivía en Berna, en el dorso de las hojas de un calendario de mil novecientos veintiseis, este falso diario «de una extensión razonable», es una entretenida, deliciosa y muy elegante digresión en torno a la vanidad y al vacío, ese vacío que quizás es todo cuanto se pueda decir a propósito de la vida misma. Con fina ironía y con una prosa, afirmemos, en forma de espiral, Walser pasa de forma continua de un razonamiento a otro, mezcla situaciones, asiente mientras que niega y asevera al unísono que desmiente. Aun así, en Diario de mil novecientos veintiseis hay un hilo conductor que viene representado por la figura de una mujer, llamada Erna, a la que el narrador ha mandado una carta y un libro de poemas. Los abundantes personajes que entran y salen de esta historia semejan figuras prácticamente privados de gravedad, seres fluctuantes que existen solo en la imaginación o bien en el papel y también impresionantemente afines a esos otros personajes que entran y salen de esa otra historia que es la vida real o bien irreal de cualquiera de nosotros. Walser pasó este boceto a limpio con la clara pretensión de publicarlo. Fue en vano. Un año después ingresó por su pie en sanatorio para sumirse claramente en el silencio. Un silencio que ha hecho correr ríos de tinta hasta el día de hoy.
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