Eduardo Piernas Largas

Eduardo Piernas Largas

- Libro 7

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Enrique III había fallecido y su hijo Eduardo, llamado “piernas largas”, a raíz de su esbelto físico y largas extremidades, viajaba desde Tierra Santa a tomar la corona. Ciertos afirmaban que Leonor, su esposa, le había salvado la vida, chupándole el veneno de una herida ocasionada por un asesino. Eduardo era un hombre de fuerte voluntad y trabajador incansable. Era el rey que precisaba el país. Su debilidad era su amor por su familia, particularmente, por sus hijas, Leonor, la mayor y su preferida, disfrutaría de una fugaz dicha ya antes de la tragedia; Juana se casaría contra la voluntad de su padre; Margarita se vería obligada a admitir los hijos bastardos de su marido libertino; María fue obligada a entrar en un convento y también Isabel admitiría un primer matrimonio por razones de Estado, después haría su voluntad. Indudablemente la fuente de mayor ansiedad para el rey era su hijo y heredero: el joven Eduardo. El príncipe vivía rodeado de compañeros de incierta moralidad, de manera especial Piers Gaveston que lo dominaba por completo. Eran tiempos bien difíciles y la mayor ambición del rey era unir bajo su cetro los reinos de Inglaterra Escocia y Gales. Eduardo dominó su temporada. Fue un enorme gobernante, fuerte, justo, atroz cuan lo consideraba preciso, frágil solo en frente de su familia. El brota en la historia como uno de los más grandes reyes de Inglaterra. Su desgracia fue fallecer a sabiendas de que su obra quedaba inacabada y que la corona debía pasar a un hijo disoluto.
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