El castigo de la Bella Durmiente

El castigo de la Bella Durmiente

- Libro 2

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A lo largo de todo el año, los lugareños ahorraban cuanto podían para el día en que, por varias monedas, podían adquirir un esclavo soberbio, un príncipe escogido para servir, adiestrado y dispuesto para la corte, que entonces a lo largo de todo el verano debía obedecer a cualquier humilde sirvienta o bien joven de cuadra que pujara lo bastante en la subasta pública. El jefe de patrulla no podía eludir adelantarse al final del verano y también imaginar a estos jóvenes ahora quejosos y forcejeantes, en el instante de ser devueltos, tras cuidadosos castigos, con las cabezas inclinadas y las bocas mudas, en la más completa sumisión.
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