Funeral por un traidor

Funeral por un traidor

- Libro 504

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A la derecha había un carro al que faltaba una rueda, un barril vacío de los que se emplean para envasar arenques, y a continuación una valla. A la izquierda, un seto; más allá del seto se distinguía la forma oscura de una casa de campo, de una granja pequeña. Junto a la granja se alzaban las construcciones auxiliares destinadas a establos y corrales. Había llovido a primera hora de la noche, pero ahora comenzaba a aclarar y los rayos de la luna arrancaban reflejos plateados de los charcos de agua. La luna y sus reflejos eran la única luz que brillaba en cuanto alcanzaba la vista. Por el camino que pasaba entre el seto, a un lado, y el carro, el barril y la valla al otro, venía la patrulla. Era su hora: entre once y diez y once y cuarto, nunca un retraso mayor de cinco minutos; así se lo habían dicho al hombre que aguardaba pacientemente oculto detrás del barril.
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