Historia de Chucho el Ninfo. La Noche Buena

Historia de Chucho el Ninfo. La Noche Buena

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Esta novela pinta la vida del pequeño a quien su madre mima y obsequia más de lo que es conveniente a una sabia y bien orientada educación, del pequeño cuyos caprichos, por absurdos o bien costosos que sean, siempre y en todo momento son satisfechos. Su madre lo adora con un amor ciego; lo adora por bello, por su cutis blanco, por su pelo rubio, por el hecho de que es hijo de un joven acomodado con quien vivió una imborrable aventura de amor una noche de «tamalada» y de luna. Su madre era —nos afirma Cuéllar— «casi tan consentidora y tolerante como la patria». Y el pequeño va medrando en ese entorno, sin meditar en lo futuro, sin buscar un modo de ganarse la vida, probable parásito social en espera de quién sabe qué milagro. Mas el milagro se efectúa, y Perro el Ninfo halla a su padre, un rico hacendado que se encariña con su descendiente, que lo recoge y lo lleva a su finca de campo, que Jo hace pasar por su sobrino y pone a su predisposición los medios precisos —su dinero y sus relaciones sociales— a fin de que Perro el Ninfo viva la vida para la que, de manera inconsciente, lo había preparado su madre: el muy elegante a la moda, dado enteramente a la buena sociedad, cuidando de su persona y de su vestimenta múltiples horas al día, y galanteador implacable de pollas y de casadas. La pintura de este personaje es tan precisa y completa que, conforme observaba Guillermo Prieto, el nombre de Perro el Ninfo ha llegado a servir a nuestra gente para designar «al pequeño mimado y permitido, entregado a los vicios».
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