La gloria de Don Ramiro

La gloria de Don Ramiro

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En mil novecientos ocho, tras 4 años de intensa tarea, se publicó «La gloria de don Ramiro», reconstrucción histórica y literaria de la España del siglo XVI. La traducción francesa de la novela, editada en mil novecientos diez, que transformó a Larreta en una especie de best seller internacional, uno de los mayores éxitos editoriales de principios del siglo veinte, un caso de texto que recreaba con gran precisión el entorno, personajes y lenguaje del siglo XVI y la urbe de Ávila. Unamuno ve en esta novela «un desprendido y feliz esmero por penetrar en el ánima de la España del siglo XVI y por ende en el ánima de la España de todos y cada uno de los tiempos y lugares». La obra es una genuina exquisitez tanto por su razonamiento como por su prosa. Se desarrolla prácticamente al completo en Avila, de la que forma un auténtico canto (a sus piedras, sus murallas, sus palacios, sus iglesias, su río Adaja). Centrada en el Torreón de los Guzmanes (actual sede de la Diputación Provincial, y domicilio de la familia De La Hoz en la obra), durante sus páginas desfilan apellidos y personajes tan insignes como los Águila, los Velada, los Valderrábano, los Bracamonte o bien los Dávila (sus mansiones y/o palacios prosiguen de pie en la urbe amurallada, ciertas transformadas en buenos hoteles), figuras con nombres tan sugerentes como doña Guiomar, madre virtuosa y perennemente enlutada de Ramiro, o bien tan conocidas como Teresa de Cepeda, cuyo fallecimiento coincide con el comienzo de la novela, Antonio Pérez, el insigne y condenado secretario de Felipe II o bien el Greco. Larreta maneja con perfección el entorno en que se mezclan los diarios milagros de los conventos abulenses en aquella temporada, la convivencia con los sospechosos y perseguidos moros, la hechicería, los zorrillos, los genoveses (judíos prestamistas), el ojo siempre y en toda circunstancia vigilante de la Inquisición, y esa mano, temible, poderosa, insomne, obsesiva y omnipresente de Felipe II desde El Escorial. La limpieza de sangre, la falta de confianza cara los conversos, una conspiración contra el rey, y de manera especial, el coche de fe en la plaza de Zocodover de Toledo, minuciosamente detallado, son temas que Larreta encara descarnadamente, sin ungüentos ni emplastes. Su prosa es un auténtico lujo. Muy, muy rica, florida, penetrante, embriagadora, de anticuadas connotaciones en sus diálogos, salpicada de casticismos que la enriquecen, y cuyos recovecos hacen olvidar en ocasiones la historia, para gozar de su modo de contarla. En la presente edición se han mantenido las reglas ortográficas de la edición de mil novecientos ocho, á partir de la que se ha efectuado esta.
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