La liberación de la Bella Durmiente

La liberación de la Bella Durmiente

- Libro 3

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Tras 100 años de sueño profundo, la Hermosa Yacente abrió los ojos al percibir el beso del príncipe. Se despertó absolutamente desnuda y sometida en cuerpo y ánima a la voluntad de su libertador, el príncipe, quien la demandó inmediatamente como esclava y la trasladó a su reino. De esta forma, con el permiso de sus agradecidos progenitores y obsesionada por el deseo que le inspiraba el joven heredero, Preciosa fue llevada a la corte de la reina Eleanor, la madre del príncipe, para prestar vasallaje como una más entre los cientos y cientos de princesas y príncipes desnudos que servían de juguetes en la corte hasta el instante en que eran premiados con el regreso a sus reinos de origen. Deslumbrada por los rigores de las salas de entrenamiento y de castigo, la severa prueba del camino para caballos y asimismo merced a su creciente voluntad de agradar, Hermosa se transformó en la preferida del príncipe y, esporádicamente, asimismo servía a su ama, lady Juliana. Sin embargo, no podía cerrar los ojos al deseo secreto y prohibido que le provocaba el delicioso esclavo de la reina, el príncipe Alexi, y después el esclavo desobediente, el príncipe Tristán. Tras atisbar por un momento al príncipe Tristán entre los condenadas del castillo, Hermosa, en un instante de rebelión supuestamente incomprensible, se condenó al mismo castigo destinado para Tristán: la expulsión de la voluptuosa corte y la degradación de los duros trabajos en el pueblo próximo.
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