La Novia Roja

La Novia Roja

- Libro 139

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«No le hacían caso. El conjunto de hombres proseguía trabajando infatigablemente, Por fin, el que trataba de detenerles entendió que era inútil y dejó de pelear. Se sentó a un lado de la casa mientras que un sollozo rompía su garganta. Mas no era un sollozo de pena, ni de sofocación. Era un sollozo de temor, Los 5 hombres y la mujer que trabajaban allá, hundiendo las zapas en la tierra tal y como si fuesen unos vulgares peones de obras públicas, cesaron en sus movimientos al escuchar aquellos gimoteos. De forma brusca el cambio de actitud de aquel hombre les desarmó. No le habían hecho maldito caso mientras que chillaba, mas ahora sus gimoteos les conmovieron. Se percataron de que algo muy grave estaba pasando».
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