La permanencia en lo negativo

La permanencia en lo negativo

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La primordial característica del capitalismo consiste en su desequilibrio estructural inherente, su carácter antagónico más profundo: la crisis incesante, la incesante revolución de las condiciones de su existencia. El capitalismo no tiene un estado «normal» de equilibrio: su estado «normal» es la incesante producción de un exceso; la única forma para subsistir que tiene el capitalismo es expandirse. De ahí que, el capitalismo se halla atrapado en una suerte de bucle, un círculo vicioso, meridianamente descrito por Marx: al generar más que cualquier otra capacitación social y económica para satisfacer las necesidades humanas, el capitalismo asimismo genera más necesidades por satisfacer: cuanto mayor es la riqueza, mayor es la necesidad de generar más riqueza. Por ende, debe quedar claro por qué razón Lacan describió el capitalismo como el dominio del alegato de la histeria: este círculo vicioso de un deseo cuya aparente satisfacción solo amplía la brecha de su insatisfacción es lo que define la histeria. Existe una suerte de homología estructural entre el capitalismo y la noción freudiana del superyó. La paradoja básica del superyó asimismo se refiere a determinado desequilibrio estructural: cuanto más obedecemos sus órdenes, más culpables nos sentimos, con lo que la renuncia solo implica la demanda de más renuncias, el arrepentimiento más culpa, tal y como en el capitalismo, donde un incremento en la producción para satisfacer la falta solo amplía la falta. Marx, Lacan, Kant, Hegel, Hitchcock, Herzog, entre otros muchos, aparecen entrelazados en La permanencia en lo negativo, un libro que hasta el instante no estaba traducido al castellano.
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