La sombra enlutada

La sombra enlutada

- Libro 126

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«Le dieron tentaciones de levantarse y de ir a despertar a Natalie. Mas no, no lo hizo. La pobre bastante tenía con sus genuinas preocupaciones, a fin de que fuera a intranquilizarla todavía más con sus extrañas figuraciones. Cuando se hubo compasado su pulso, apagó la luz y volvió a tenderse nuevamente en cama. Mas prosiguió con los ojos abiertos, más desvelada cada vez. En eso, entre las sombras vio surgir nuevamente sus medias, que se habían elevado del suelo, de donde no osó tocarlas, y ahora parecían flotar en el aire. Estuvo a puntito de chillar. Mas no lo hizo pues el susto le agarrotó despiadadamente la garganta, impidiendo que ningún sonido pasase por allí».
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