La tierra pródiga

La tierra pródiga

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Agustín Yáñez (mil novecientos cuatro-mil novecientos ochenta) es uno de los prosistas mexicanos en que el llamado de la provincia, Jalisco en su caso, se traduce no solo en la descripción meticulosa y enamorada sino más bien en la forma como transmuta sus vivencias: los pueblos opresivos y agobiantes con sus mujeres enlutadas y sus enfrentamientos según lo que parece mínimos que se expresan en un habla apenas elaborada, en valores literarios que le han asegurado sitio de primera fila en nuestras letras. «La tierra pródiga» (mil novecientos sesenta) fue, al aparecer, considerada la primera novela mexicana de la selva en la línea de Rómulo Gallegos y José Eustasio Rivera si bien, afirmó Yáñez, «si bien en mi obra la selva modela a los personajes, estos mantienen con ella una relación singular, no desean ser absorbidos o bien devorados por aquella, sino más bien transformarla». La novela tiene como escenario y tema la tierra caliente de Jalisco: «Marañas de mangle. Lejanos los picos de las montañas. El aliento de confines ignotos. Unánime aliento de fertilidad.» Se repite en ella la historia de la Conquista. 7 señores de la tierra, nueva encarnación de los conquistadores, se disputan el dominio de la rica zona, y la batalla final va a ser librada entre Ricardo Guerra, el Amarillo, con historia de leyenda de diablo, y Sotero-Castillo, hechura del precedente. El árbitro va a ser el ingeniero Pascual Medellín, el técnico ilustrado que prefigura la nueva forma de regir el país. Yáñez consigue una de sus mejores novelas: la fascinación de la tierra virgen enmarca la historia —narrada en insólita prosa barroca— de personajes violentos y la aspiración subterránea del autor de descubrir, desentrañar hasta donde resulte posible, los inconvenientes de México.
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