Las locas, el sexo, los burdeles

Las locas, el sexo, los burdeles

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Hubo siempre y en todo momento locas en México. Entre los oficios y dignidades que sus enterados informantes explicaron ante Sahagún, y que el sapientísimo franciscano expone en el Libro X de su Historia, aparecen los «sométicos», y de ellos diríase que «el somético paciente es despreciable, nefando y despreciable, digno de que hagan mofa y se rían las gentes, y el tufo y fealdad de su pecado nefando (es quizá acá donde aparece por vez primera esta muletilla o bien oración hecha del “pecado nefando”, que tanto deberá repetirse —el pecado y su definición o bien calificación de nefando— a lo largo del virreinato: toda vez que en los documentos se mienta su incidencia, y su castigo) no se puede padecer, por el asco que da a los hombres; en todo se muestra mujeril o bien afeminado, en el caminar o bien en el charlar, por todo lo que merece ser quemado». Semeja ocioso rememorar que el nombre de «sodomitas» (que los españoles esdrujulizaron «sométicos») es patronímico de los habitantes de la bíblica urbe pecaminosa de Sodoma, gemela de aquella Gomorra en que las ciudadanas del precioso sexo emulaban a los varones del otro bando con dedicarse al aplauso. Sí cabe apuntar que desde aquella lejana data, el fuego llovió como castigo divino sobre los ardientes sodomitas que habían hallado irreprimiblemente tirables a los muy puros ángeles señalados, como inspectores de reglamentos, a calibrar la incidencia local del pecado nefando.
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