Los aborígenes de Andrómeda

Los aborígenes de Andrómeda

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Los indígenas de Andrómeda es, ante todo, una novela de humor, de esa pluralidad satírica tan hispana que se prodiga en el planeta de la ilustración (desde la Codorniz hasta, en la actualidad, el Jueves) pero que no se traslada con sencillez al texto puro. El autor no deja que la verosimilitud le arruine un pasaje, optando por el surrealismo como medio (vamos, como Douglas Adams, pero con humor de España en vez de británico, que es un tanto menos irónico pero más socarrón). Otro aspecto por el que destaca es el lenguaje empleado, de una inusual riqueza, tanto en léxico como formal, plagado de digresiones de todo género, que al final acaban por confluir, inconcebiblemente, en la trama principal. Y ahora que ha salido el tema, quizá convenga apuntar un tanto sus líneas maestras. La novela cuenta el viaje intergaláctico de tres científicos y un militar (como niñera y chef), en una nave impulsada a velocidad superlumínicas gracias a las propiedades cáusticas de las berenjenas de Almagro. Lo que no podían esperarse, en llegados a Andrómeda, es que allí, en el quinto pino, encontrarían bastante más de lo que habían ido a buscar (y que, a propósito, hubieran podido localizar a la vuelta de la esquina, como quien asevera).
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