Más horrible cada vez

Más horrible cada vez

- Libro 154

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«Era agradable internarse en el bosque de Allen Rood, sentarse al lado de un árbol, bajo su protectora sombra, respaldar la espalda en su grueso leño y redactar versos. De este modo por lo menos opinaba Charlton Mennedy, que se consideraba un hombre de forma plena feliz. Mas aquella tarde, ya antes de llegar a su árbol preferido, el joven quedó parado, detenido. Terminaba de ver un orificio en el suelo, un orificio con forma de fosa, muy profundo. ¡Y en el fondo había un ataúd! ¡Un ataúd abierto, como aguardando el cuerpo que debía serle destinado!».
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