Muerte en las nubes

Muerte en las nubes

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El aeroplano se aproximaba ya al canal de la Mácula cuando la pasajera del asiento número 12, madame Giselle, inclinó la cabeza cara adelante. Cualquiera hubiera dicho que se había quedado dormida. Cualquiera, menos el asesino que terminaba de matarla. El pequeño dardo se clavó en el cuello de la víctima y el veneno surtió su efecto sin que ninguno del resto pasajeros ni ningún miembro de la tripulación se diera cuenta de nada. El caso tendría todos y cada uno de los carices de lo insoluble si no fuese pues en el aeroplano viajaba asimismo Hercules Poirot.
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