Que no se entere ni el Diablo

Que no se entere ni el Diablo

- Libro 157

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«En este instante terminan de meterme en el ataúd. Entre 2 hombres me han levantado a plomo, me han levantado tal y como si fuera un pedazo de madera y me han depositado sin delicadez en la caja, que afortunadamente está acolchada y resulta cómoda. En seguida noto, de todas formas, que resulta algo corta y que mis pies rozan la parte inferior».
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