Red escarlata

Red escarlata

- Libro 559

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—No sé si tendré valor para hacerlo, Paul. —¡Es necesario, Eva! ¡Tienes que hacerlo! —Resulta fácil ordenarlo, Paul. Dirigirme a distancia, decirme lo que tengo que hacer. Pero lo terrible es hacerlo. Llevarlo a la práctica. El hombre entornó los ojos. Éstos eran grises y fríos. También eran duros. Se encogió de hombros, tras una pausa que destinó a estudiarla a ella. Y dijo: —Alguien tiene que dirigir. Y siempre existe el que realiza, el que hace posible que lo proyectado tenga forma. Yo soy el cerebro, Eva. Tú, mis manos. Haz que éstas actúen. Confío en ellas, igual que confío en mi propia inteligencia. Esto hay que hacerlo, Eva. ¡No tenemos más remedio!
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