Roma y los bárbaros

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Roma y los bárbaros

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Al margen de sus méritos como legisladores, militares e ingenieros, los romanos asumieron el legado cultural griego y acogieron las premisas cristianas que iban a dominar Europa durante casi dos mil años. Pero, como suele decirse, no es oro todo lo que reluce... En los aledaños del Imperio trataban de sobrevivir al triunfo de Roma (y a sus sustanciosos impuestos) decenas de pueblos que senadores y generales romanos consideraban incivilizados, y a los que reunían bajo un mismo y despectivo apelativo: «bárbaros». ¿Qué pasaría si les cediéramos la palabra a esos pueblos que habían desarrollado unas matemáticas y una ingeniería refinadas, cuyas aldeas en ocasiones superaban en confort a las ciudades romanas o que en algunos casos se hallaban a un paso de una revolución industrial? Eso exactamente es lo que han hecho Terry Jones y Alan Ereira, empeñados en reparar una injusticia histórica y devolver a su justo lugar a los celtas, a las tribus germánicas, a la civilización dacia o a los godos. A griegos y persas, quienes veían a los romanos como los auténticos bárbaros; a los vándalos, que sufrieron en sus carnes la incrustación del cristianismo en el Imperio, o a Atila el Huno, cuyas campañas contribuyeron a desmembrar Roma. El resultado es un busto de la civilización romana cubierto de poco favorecedoras sombras, unos claroscuros que los autorretratos oficiales suelen omitir.
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