Seda y Niebla para el Asesino

Seda y Niebla para el Asesino

- Libro 110

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El aullido coincidió con el descenso de la hoja de acero, frío y centelleante, sobre la garganta rosada, salpicada de pecas, e inclusive con un lunar muy limpio, justo en su centro, cerca de la nuez. Todo eso se quedó de manera inmediata bañado en un colorado violento. Afloró, gorgoteante, el tumulto escarlata. El grito se transformó en una suerte de horrible berrido inhumano, conforme el acero hendía la garganta.
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