Un juego para los vivos

Un juego para los vivos

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La acción de esta novela, ubicada en México, se ocupa de un conjunto de artistas norteamericanos y mexicanos que llevan una vida alegre y desentendida. Uno de ellos, Theodore, halla el cadáver de Lelia, su amante, una joven y preciosa pintora que ha sido violada y brutalmente mutilada. Lelia tenía otro amante, Ramón, un joven mexicano. Los 2 amantes se transforman en los primordiales sospechosos. Theodore consigue desvanecer de forma rápida las sospechas de la policía y coopera con ella para el esclarecimiento del crimen, al tiempo que Ramón, corroído por un complejo de culpa, se acusa de acciones que no ha cometido, mas es puesto en libertad. Theodore cobija y resguarda a Ramón, si bien no está persuadido de su inocencia, y se desarrolla entre los dos una turbia y compleja relación: una de esas relaciones entre 2 hombres que tanto maravillan a Patricia Highsmith. Recordemos, por poner un ejemplo, a Ripley y Greenleaf en «A pleno sol», Coleman y Garret en «El juego del escondite», Bruno y Guy en «Extraños en un tren». La historia acaba con un final inopinado que luxa la existencia del conjunto de amigos. Un juego para los vivos ilustra de manera perfecta el carácter fronterizo de la obra de Patricia Highsmith: el interés de la intriga policiaca se funde con un emocionante buceo en la sicología de los personajes.
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